Operadores del mercado petrolero anticipan precios más altos conforme Arabia Saudita aumenta la producción

A los corredores de divisas se les enseña desde su primer momento en el piso de remates que nunca deben intentar enfrentársele a un poderoso banco central, con el mantra de “no luches contra la Reserva Federal” habiendo perdurado a través del tiempo.

Pero, en la industria petrolera, los operadores están alegremente marchando hacia la batalla contra el grupo OPEC+ (el cual incluye a países externos al cártel como Rusia) que actúa como banco central del crudo. Y, en una preocupante señal para la economía mundial, ellos creen que existe una buena posibilidad de salir ganando.

Arabia Saudita y Rusia pueden haberse movilizado para limitar un repunte — el cual llevó al petróleo a un máximo de cuatro años de por encima de los US$80 por barril el mes pasado — anunciando el sábado un aumento de producción de 1 millón de barriles por día (b/d).

Pero aunque esa cantidad de crudo adicional, equivalente a más del 1 por ciento de los suministros mundiales, en alguna ocasión hubiera provocado una fuerte caída en los precios, esta vez apenas provocó que el mercado parpadeara.

Los precios del petróleo han subido a por encima de los US$76 por barril desde el anuncio. La preocupación para el resto del mundo es que los operadores están apostando a que necesitarán subir aún más.

El motivo es que la pérdida de producción y las inminentes amenazas de suministro en Venezuela, Libia e Irán pudieran abrumar el impulso para aumentar la producción.

Los operadores están pronosticando que las pérdidas de suministro de esos tres países pudieran exceder los 2 millones de b/d para finales del año, superando con creces los previstos aumentos provenientes de los pocos productores con capacidad disponible.

La producción de Venezuela ha estado cerca de una caída libre, disminuyendo 700,000 b/d el año pasado. La crisis económica y política que ha destruido su industria petrolera no muestra signo alguno de llegar a su fin.

Irán enfrenta nuevas sanciones a su industria energética por parte de EEUU después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, se retirara del acuerdo nuclear.

Los operadores han constantemente aumentado sus estimaciones sobre cuán duramente serán afectadas las exportaciones de petróleo iraníes, desde aproximadamente 400,000 b/d antes de que se anunciaran las sanciones hasta cerca de 1 millón de b/d en la actualidad. Las compañías europeas han claramente señalado que temen cualquier confrontación con una impredecible Casa Blanca.

La producción de 1 millón de b/d proveniente de Libia también está nuevamente bajo riesgo, con el líder de la milicia Khalifa Haftar amenazando con entregar puertos petroleros claves a un rival de la compañía petrolera estatal del gobierno central.

La condición de los suministros de petróleo mundiales francamente es, a lo más, precaria, y pudiera decirse que está en las peores condiciones desde el levantamiento árabe de hace siete años. Tener precios más elevados puede ser la única forma de frenar la demanda si los suministros son insuficientes.

Los operadores dicen que también sospechan que puede que no haya mucho más que Arabia Saudita y Rusia puedan hacer. El planeado aumento de 1 millón de b/d consumirá una gran parte de los barriles que pueden traer al mercado rápidamente.

Si bien Arabia Saudita ha declarado con certeza que cuenta, al menos, con 2 millones de b/d de capacidad disponible, no todos cumplen con la definición estricta de producción fácilmente disponible.

Para al menos la mitad de sus barriles adicionales, “abrir los grifos” en realidad significa perforar pozos y poner a los campos petroleros bajo presión en una aceleración que los analistas estiman demoraría entre seis y 12 meses.

El problema — el cual se siente con particular intensidad en Riad debido a que el presidente Trump ha presionado al reino para que reduzca los precios — quedó claramente ilustrado el martes.

Un informe sugirió que Arabia Saudita pudiera elevar la producción a una cantidad récord cercana a los 11 millones de b/d en julio, un nivel que implica que, por sí mismo, el reino pudiera aumentar la producción en casi 1 millón de b/d para asegurarse de que el mercado reciba el mensaje.

Riad normalmente entiende, tan bien como cualquier banquero central, el poder de algunos comentarios estratégicamente colocados para guiar al mercado.

Pero, aunque los precios del crudo se tambalearon durante unos minutos, pronto nuevamente comenzaron a elevarse.

Los titulares indicando que el Departamento de Estado estadounidense está presionando a los aliados para que reduzcan sus importaciones de crudo iraní a cero en noviembre — una postura más agresiva de la anticipada — asustaron a los operadores. La respuesta inmediata fue ‘si tienes dudas, compra’.

Sin embargo, es probable que el riesgo de que los operadores alcistas se le enfrenten al grupo OPEC+ actualmente resida en Washington.

Si el presidente Trump decide que Riad no puede bajar los precios del petróleo por sí solo — algo que los analistas creen que él quiere que suceda antes de las elecciones de mitad de período —, es probable que tome algunas medidas por su cuenta.

La más obvia está relacionada con la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR, por su sigla en inglés), la cual tiene 650 millones de barriles de crudo almacenados en la costa del Golfo. Recurrir a los suministros destinados a las emergencias representaría una arriesgada solución a corto plazo, pero los límites tienden a debilitarse durante un año electoral.

Una medida menos probable, pero seguramente más efectiva, sería suavizar la postura de Washington hacia las exportaciones petroleras de Irán.

No se puede amenazar al 2.5 por ciento de los suministros globales en este mercado mientras se exigen precios más bajos. Las exenciones selectivas para los clientes de Irán que acepten reducir las compras, sin eliminarlas por completo, mitigarían el impacto pero mantendrían la presión sobre Teherán.

Producir petróleo es, después de todo, un negocio mucho más complicado que encender las imprentas. Y, en este momento, los operadores en el mercado petrolero piensan que se trata de un banco central al que pueden enfrentarse si nada cambia.

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