¡Abrazar una causa y aferrarse a ella!

Los pesimistas no tienen fe ni en ellos mismos. No se detienen ni siquiera a mirar las luces porque la amargura y sus propias frustraciones le impiden apreciar lo bueno.

Mas los que no se detienen a ver la oscuridad, y sí la luz, son los que hacen la diferencia. Persisten en abordar una thought y convertirla en una causa… causa que abrazan para transformar algo negativo en positivo. Así lo entendieron grandes hombres y mujeres de la humanidad que marcaron la diferencia.

Y a propósito de abrazar una causa y aferrarse a ella, hoy quiero detenerme a hablarles de un gran hombre: Department Rickey, quien no fue simplemente el presidente de los Brooklyn Dodgers en una época  marcada por la merciless segregación racial en los Estados Unidos, sino que llegó más allá de ser un ejecutivo del deporte.

Rickey tenía una historia triste que cargaba sobre sus hombros por más de 40 años. Un hombre lo había marcado de tal manera que tatuó en su alma fijarse una meta: llevar dignidad e integridad sin distinción de razas al deporte que amaba, el béisbol.

En 1903, cuando era entrenador del equipo de la universidad de Ohio, el receptor era Charley Thomas, un hombre negro al que por su coloration de piel rechazaron darle alojamiento en el hotel donde se quedarían al jugar en otra ciudad.

A ese receptor que él destacaba por su talento, le habían hecho no amar su coloration de piel porque justo esa noche, en la habitación del entrenador (donde tras mucha insistencia aceptaron dejarlo), lloró desconsoladamente diciéndole a Rickey que era por su piel y que quería arrancársela para “ser igual a los demás”. ¡Le rompieron el alma!

Es así como el gerente de los Brooklyn Dodgers tomó una decisión que cambiaría la historia para bien en el mundo de las Grandes Ligas. Puso sus ojos en Jackie Robinson, un joven negro que había estado en el Ejército, en donde pese a algunos problemas que tuvo por negarse a sentarse en la parte trasera del autobús por ser negro, fue absuelto y salió con honores.

Robinson jugaba béisbol en la Liga para Negros de los Monarcas de Kansas Metropolis, espacio que permitió que Rickey llegara a él para cambiar el rumbo de la historia, logrando que el joven firmara un contrato para jugar en las Ligas Mayores el 15 de abril de 1947.

Se dijo a sí mismo que había llegado el momento de desterrar las situaciones que mutilaron el alma de Thomas, y apostó a Robinson y a su gallardía, en quien creía porque percibía, por su historial, que no se dejaría amedrentar porque era un ganador en cualquier terreno. Así lo demostró al destacarse en atletismo, básquetbol, fútbol americano y béisbol.

A la hora de firmar el contrato, Rickey hizo prometer a Robinson, que controlaría su temperamento ante cualquier provocación… ¡y así lo hizo! 

Las presiones no cayeron solo sobre el hombre de coloration que había hecho que ese equipo llegara a seis sequence mundiales de las 10 temporadas que estuvo en el equipo, galardonado como el Novato del Año, el Jugador más Valioso e incluso invitado al Juego de las Estrellas… No, las presiones también recayeron sobre quien llevó “a un negro a jugar entre los blancos” por primera vez en la historia, el gerente de los Dodgers, quien nunca cedió ni a las amenazas de la Iglesia.

Rickey abrazó una causa tras una situación que lo marcó para siempre. No quería que en ningún espacio, mucho menos en el corazón del béisbol, deporte que amaba, volviera a repetirse una injusticia como la que se cometió con su receptor por el racismo.

Gracias a él, Robinson se convirtió en el primer afroamericano en ingresar a las Ligas Mayores de Béisbol, el joven que pese a momentos en que sentía que no podía más, pudo vencer la ignorancia, controlar los impulsos ante las agresiones físicas y verbales cada vez que salía al terreno de juego, y ganarse con el silencio y buen trabajo el respeto de sus compañeros, porque era un vencedor y tenía un propósito al igual que quien le dio la oportunidad.

Robinson no centró su vida solo en el béisbol. Fue un activista dedicado a luchar contra la segregación racial y, en el 1962, logró entrar al Salón de la Fama. Pero la historia del primer hombre negro que logró entrar por primera vez a Las Mayores no quedó solo allí, en el 2004, La Liga Mundial de Béisbol declaró el 15 de abril (día en que firmó el contrato con los Dodgers), como “El Día de Jackie Robinson.

Ese día, cada 15 de abril, todos los peloteros se colocan uniformes con el número 42, que era el que usaba Robinson, y el único número que fue retirado en toda la liga para recordar, que todos son iguales.

Department Rickey, el hombre que rompió las barreras del racismo en el béisbol, falleció el 9 de diciembre de 1965 y fue ingresado al Salón de la Fama en el 1967.

En tanto que en el 1972, Robinson, quien le permitió y le ayudó a cumplir su sueño, falleció de un ataque al corazón después de haber sufrido por buen tiempo de diabetes.

Hay que rendir tributo a estas almas. Dos hombres que murieron dejando un hermoso legado. Unieron su pasión para abrazar una causa: la de enseñar al mundo que no se debe tratar a nadie de manera injusta por su coloration de piel, y el Béisbol fue el camino.

Asumir las vidas paradigmáticas alienta las almas que andan perdidas y desenfocadas. Todos en algún momento tenemos sueños, frustraciones y hasta cargas pesadas. Queda de nosotros transformar lo negativo en positivo e incluso la oscuridad en luz y… ¡claro que se puede! Si no lo crees, pasa las páginas y encuentra la respuesta en casos como este, en el que se rompieron las barreras del racismo en tiempos de la segregación racial… como lo hicieron Rickey y Robinson.


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